miércoles, marzo 04, 2009

Las palabras que digo se desvanecen y las que escribo al poco tiempo me resultan ajenas.

Sólo vivo de los pensamientos que elaboro en el transporte público, y estos que me parecen brillantes en el momento de su concepción se tornan en solemnes imbecilidades.

Supongo que el precio que debo pagar por ser artista es vivir en el Metro y la verdad no estoy por la labor.

En otra vida quizás pueda ser más productivo en lugares más confortables.

1 comentario:

A MÁIS CHOUPIZA dijo...

Creo que es el sentimiento común de todos los que tenemos esta necesidad de escribir de cuando en cuando; en determinados momentos aparece LA IDEA, así con mayúsculas, que de verdad sabes que puedes sacar algo bueno de ahí... y de repente, cuando vas y la escribes, la matas con las palabras.

Supongo que por eso yo escribo tan poco... entre otros miles de motivos :D

Me gustaría acceder a tu cabeza para ver el original de las ideas, pero la verdad es que el resultado en palabras merece la pena ;)